Autor: Óscar Armando Rascón
Para implorar milagros, curaciones, maldades, bienestar; para la gente amada, la no tan amada y la odiada. Para aquellos que osan leer las palabras en voz alta, sin saber lo que invocan. Conjuros reúne diez estremecedores relatos, cuyos vasos comunicantes son sortilegios con desenlaces inesperados. Revelaciones cósmicas, tatuajes vivos, adivinas computarizadas, músicos frustrados, niñas de falsa inocencia, sacrificios, amuletos; todos entrelazados por el misterio de la invocación.
La prosa de Óscar Armando Rascón es lo suficientemente oscura para permitir destellos luminosos, que enfocan el alma humana, con sus contradicciones y complejidades.
Ay de aquel que entre a estas páginas sin haberse encomendado a su personal ángel de la guarda.
—Bibiana Camacho
[…] en una prosa rítmica en la que sus raíces, fuente primordial de su inspiración, dialogan con un terror atmosférico alejado del susto, del atropello fácil, de lo soez confundido con lo abyecto. Y fue ahí donde comprendí que Óscar Armando Rascón no escribe para narrar, sino para invocar.
Porque eso es, queridos lectores que os adentráis en estas páginas, lo que observaréis en las piezas que arman la sinfonía de este libro, obrado en clave de magia: una marcada intención de transformar lo imprevisto, lo eventual y perentorio, en una forma de expresión cargada de sentido ritual.
Porque Rascón no ansía narrar, sino gestar un flujo atmosférico denso, pesado —casi asfixiante—, donde la frontera entre lo real y lo ilusorio se desdibuja en la inquietud de saber que lo visible y lo invocado juegan al corro con nosotros, y que, cual hilos de una madeja desenlazada, quedamos atrapados en su imaginario oscuro; y es en esa oscuridad —he de decirlo— donde yo misma me reconozco. Es ahí donde “el particular fantástico” de este autor adquiere universalidad, cuerpo y sentido.
Avisados quedáis, queridos lectores: en Conjuros no hallaréis el asombro evidente ni el sobresalto labrado en “clave de fácil”, ya que este libro se teje con símbolos, con ritos, con conjuros que nos atan a un universo ancestral y profundo, donde el alma de su autor se nos revela como un pulso, como un latido, como un sentimiento que eleva cada cuento, cada texto, a la esfera musical del arte.
—Amparo Montejano









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