Miguel Lupián, autor de varios títulos, el más reciente ‘Metal Caído Del Cielo’, que publicó con Huargo, respondió 5 preguntas que le hicimos…
1- ¿Qué papel juega la música en tu proceso creativo?
¡La música es importantísima en mi vida! Por lo que era natural que permeara en mis escritos. Referencias, menciones directas, epígrafes. Suelo —como pueden darse cuenta en la novela— tomar prestados los títulos de discos y canciones para nombrar mis textos. Pero también la música está presente en mi proceso creativo: me gusta escribir escuchando piezas sinfónicas, progresivas, ambientales, de stoner y folk (pero instrumentales, de otra forma sus letras se mezclan con las mías). Un colega afirma que los escritores somos músicos frustrados, y creo que tiene razón.
2- La cuestión ecológica está presente en tu más reciente novela, ¿has considerado escribir una novela de terror teniendo a la naturaleza como protagonista?
La naturaleza es otro tema muy importante y recurrente en mis obras. Esta fascinación se debe a que originalmente soy Médico Veterinario Zootecnista, especializado en Ecología, Desarrollo Sustentable y Gestión Ambiental (aunque desde hace 15 años ya no ejerzo); por lo que me gusta explorar la “extrañeza botánica”, lo “eco-fantástico”, el “terror forestal” y, por supuesto, el “folk horror”. No hay libro mío donde no aparezcan estos temas. De hecho, en mi más reciente colección de cuentos publicada —Légamo (Casa Futura, 2022)— todas las historias están conectadas por el cardosanto. Y en dos libros (también de cuentos) que están en concurso, lo ecológico es el protagonista. Sí, estoy obsesionado con el tema.
3- ¿Dónde te sientes más cómodo y por qué, en el cuento o la novela?
Lo mío es la ficción breve: cuentos y minificciones. Me resulta complicado mantener la tensión y la atmósfera en el largo aliento, por lo que he recurrido a lo fragmentario y a los relatos interconectados para contar historias más extensas.
4- De todas tus obras, ¿cuál crees que se acerca más a ‘Metal Caído Del Cielo’ y en qué sentido?
Sin El libro de agua (Fernández Editores, 2015) e Historias de Espiralia (Edelvives, 2019) no hubiera podido escribir MCC; ambos me ayudaron a expandir mi narrativa. Por otro lado, el tema de los volcanes lo tengo muy adherido (durante mi faceta de ecologista, trabajé en el Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatépetl y quedé maravillado con su fauna, flora y mitología), por lo que constantemente regreso a ese lugar. “El ocaso de los teporingos” (publicado en el #2 de Rocambolesca) es el ejemplo más actual.
5- La fantasía juvenil es un terreno que se antoja sencillo de abordar pero que tiene sus encantos, ¿cuál fue la barrera más difícil de franquear para lograr el efecto que querías obtener en tus lectores?
Me encanta escribir Literatura Infantil y Juvenil (LIJ), es divertido y vertiginoso; además, me he dado cuenta que en estas obras suelo compartir muchos más elementos autobiográficos (tal vez, porque la chaviza no me juzgará). La clave está en el tono, la forma en que se expresan los personajes infantiles-juveniles. ¿Cuántas obras de LIJ no hemos leído donde hablan como adultos o, en el otro extremo, como bobos? Por lo que trabajo bastante en conseguir la voz adecuada. Más que barrera, lo que sigo sin entender a ciencia cierta es cómo las editoriales especializadas en LIJ dictaminan las edades recomendadas y el poco riesgo que corren cuando se exploran temas fuertes. Lo que al principio me hizo dudar si MCC se puede etiquetar como LIJ (pues contiene violencia intradoméstica y asesinos a sueldo), pero para mí sí lo es.

